Chus Lago: «La pandemia me recuerda lo que viví en la Antártida»

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Es la primera mujer española en escalar el Everest sin tanque de oxígeno y la única que llega sola al Polo Sur. Y el concejal y escritor de Vigo … Todas estas vidas se condensan en los 56 años de gallego Lago Chus. Su aventura actual: ser madre de un bebé de dos meses. «No duermo, me gusta el riesgo», bromea. Durante el embarazo ella escribió ‘El espejo de hielo‘. Y ganó el Premio Slope de Literatura de Montaña.

-¿Qué imagen te da ese espejo de hielo?

-Como siempre he sido así, me veo normal. Lo que veo es que mucha gente a mi alrededor ha cerrado muchas puertas. Viví una vida mágica, pero no fue fácil.

-Debes tener muchas ganas de sufrir para ir solo a la Antártida.

– Pasar un mal momento es solo una eventualidad, no es la meta. Es como dar a luz. Tienes dificultades, pero el objetivo es tener un hijo.

-A veces no te sientes como un ser de otro planeta

-Obviamente no. Lo que soy es una persona con determinación. Mi personaje me ayudó mucho. Soy terco y muy desinteresado. Y cuando los sueños vienen de ti mismo, tienen una fuerza devastadora.

-Como el sueño de ser madre en este momento de tu vida …

– Salió como algo muy natural. Ya no tengo filtro. Quiero decir, tengo ganas, puedo hacerlo, porque sigo adelante. Ya no estoy condicionado por si otros dicen si se puede hacer o no.

«¿Vas a colgar las botas ahora que tienes un bebé?»

-Ni siquiera me atrevo a pensar en eso. Hay muchas condiciones. La primera, mis rodillas, que están a punto de tener una prótesis. Nací con rodillas un poco raras. Y tengo «cavar 3» pies. Nada de esto me detuvo. Pero ahora mismo veo a mi bebé y no quiero ni pensar en eso. Ahora hago crochet, toco el violonchelo … creo que elegiré aventuras tranquilas porque no me veo dejando atrás al bebé, aunque la gente que me conoce no lo crea, ja ja ja …

-¿Te ahogas alguna vez en un vaso de agua?

-No, necesito que la Fosa de las Marianas se ahogue. Ya tuve una avalancha sobre mí. A partir de ahí, todo es relativo.

-Dice que las mejores experiencias son las que te hacen morder el polvo.

-Sí, porque creces, tienes que montarte a caballo para llegar más lejos. Y te brindan humildad. Los micro-fallos están bien para que luego la gran pelea tenga el valor que tiene. Me golpeó una avalancha de bloques, un terremoto en medio de la noche y salí corriendo de la tienda. Estuvo en el Everest, año 98, seis meses antes de llegar a la cima. Al día siguiente, tuvo que sacudirse el shock postraumático y acercarse a la pared. Llegué a la base de la montaña y parecía un toro de lidia. Le dije: «No me voy a casa, me quedaré aquí para pelear contigo». Soy rehén de mi terquedad, lo admito.

– Y una mujer afortunada.

– La suerte es importante porque hay cosas que no puedes controlar. Pero también me di la vuelta muchas veces. Cuando una voz te dice: «Puedes irte y no volver». Otras, probé suerte, y las pasé putas, ah, ah, ah … – ¿Cómo es que alguien que busca la aventura perfecta e impecable se adentra en el fangoso mundo de la política? – Porque también soy un soñador. Creo que la política es necesaria. Y alguien tiene que dedicarse y hacerlo bien. Conocí gente maravillosa y gente que dices: no, no … prefiero no aclarar más. Me quedo con lo positivo.

– Con la pandemia, hay personas que sienten que están cruzando el desierto.

– Y es verdad. Lo que escucho y leo me recuerda un poco a la Antártida. Yo, por el trabajo de mi esposo, vivo en las afueras de Houston, hago kayak, caminan … Pero veo que hay demasiada gente pegada en la plataforma, como Penélope. El ser humano no puede estar solo. En silencio te escuchas a ti mismo y a lo que me pasó en la Antártida. El mismo paisaje desde el primer hasta el último día. Un mecanismo terrible se pone en movimiento en tu cabeza … He aprendido que tienes que inventar un propósito, aunque sea ridículo, porque no estás caminando por ningún lado si no tienes nada en el horizonte.

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