Judith Jáuregui: «Ahora más que nunca veo cada oportunidad como un regalo y un milagro y siento el privilegio de estar viva y compartir música»

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El pianista donostiarra actúa hoy y mañana, 15 y 16 de febrero, en el Baluarte dentro del programa de Euskadiko Orkestra ‘Enigmatikoa’

Vuelve a Pamplona, ​​donde ya la vimos en el verano del año pasado con motivo de la primera edición del Festival Reclassics, y lo hace con un concierto que Euskadiko Orkestra ha tenido que cancelar a causa de la pandemia y que ahora está reprogramado. ¿Es especial participar en una especie de segunda oportunidad para recuperar el tiempo perdido?

-Cuando se cancelaron estos conciertos no estaba en cartel, me llamaron de inmediato en el restyling de la temporada, pero, en cualquier caso, sea mi aplazamiento o no, es un momento especial. Es de agradecer y aplaudir el esfuerzo realizado por las entidades musicales en España en general y por la Orkestra Euskadi en particular, que fue la primera en tocar tras su encarcelamiento. En este sentido, ha sido uno de los faros de Europa y por eso hay que reconocer que en la terrible situación que vivimos, casi en uno de los picos de la tercera ola, está comprometida con la cultura. Por una cultura que también es segura. Ensayamos y en ningún momento notamos inseguridad. Todas las medidas están perfectamente reguladas y respetadas y, como artista, no puedo dejar de aplaudir el coraje de apoyar la cultura y manifestar un compromiso con la música y los artistas.

En tu caso, ¿cómo viviste la pandemia entre cancelaciones, aplazamientos, suspensiones …? ¿Cómo lidiaste con la situación?

–Bueno, todavía pasa; Acabo de aplazar a una nueva fecha lo que tenía la semana que viene en Alicante por las medidas que se tomaron hasta el 1 de marzo. Como todos los demás, manejo la incertidumbre lo mejor que puedo. Tuve suerte porque pude trabajar en verano, con conciertos aquí, en Reclassics y otros lugares. Estuve en la Schubertiada, también viajé a República Checa, pero de momento Europa está cerrada y los compromisos que tenía en enero en Suiza e Italia se han pospuesto. Lo vivo desde la aceptación, desde cierta serenidad, desde ver la imagen desde fuera y comprender que esto es una alarma sanitaria y social, y también desde la tristeza, no tengo intención de engañarte.

¿Cómo lo viviste en términos de espíritu, creatividad, concentración, dedicación?

– Pasé por varias etapas. Seguramente, si me hubieras hecho esta pregunta en junio del año pasado, te respondería de manera diferente a lo que te diré ahora. Ha sido hace mucho tiempo. En un año ha habido muchos momentos de tristeza, otros de frustración; repentinamente aumenta la esperanza y la alegría cuando se juega de nuevo. Incluso en medio del encierro hubo un concierto online muy especial desde mi estudio, con el Festival Música en Segura. Luego volvió la incertidumbre para saber qué pasaría con la segunda ola, con la tercera … Y ahora lo que estoy buscando es vivir el día. Me enfrento a la incertidumbre con el estudio diario, no dejo de estar al piano porque es mi forma de hacer música, y cuando se permite y es posible se comparte, y cuando no, sigo trabajando para crecer como pianista también en mi estudio. Este año tuve la oportunidad de estar con la Orquesta de RTVE, estuve en Getxo la semana pasada, ahora estoy en Pamplona … De todos modos, veo cada oportunidad como un regalo y un milagro y siento el privilegio de estar vivo y compartir música. Este es un año en el que todo ha estado ahí y creo que para todos ha sido y es un volcán emocional.

¿Has tenido un encuentro con el piano diferente al que tienes que preparar un concierto o un proyecto específico?

-Nunca dejé el piano. En el más estricto encierro había acciones online y trabajé para prepararlas, incluso cuando no había conciertos. Un músico trabaja para compartir música, pero también hay muchas obras que puedes armar y en las que puedes ahondar cuando tengas un poco más de tiempo. Durante este año, en ningún momento dejé el instrumento, siempre tuve metas y motivaciones, ya fueran conciertos o para mí como pianista.

¿Cuáles eran esas obras que querías montar o guardar? ¿Qué le pidió el cuerpo, el espíritu en esos momentos?

–Bueno, Brahms, Schumann me pidió mucho … Trabajé mucho en Beethoven y, por ejemplo, empecé a armar la segunda Chopin Sonata, que es algo que siempre he querido mucho. También creé mi propia propuesta de programa para el próximo año, que incluirá a Rachmaninov, a quien no he tocado en años. Así que trabajé de forma bastante variada y recuerdo que al principio del bloque hubo un momento en el que tenía que empezar todas las mañanas con Bach. Específicamente, con las invenciones de dos partes, que es una de sus cosas más simples. Fue como una especie de purificación.

Como especialista de la época romántica, casi podríamos decir que en este momento estamos viviendo otra fase romántica, interpretando el romanticismo como un momento oscuro, melancólico, triste en una sociedad convulsa, con crisis económica, pobreza, enfermedad …

– Es un momento difícil, sí. Todavía tenemos la esperanza de ganar, como en aquellos días.

A pesar de esta oscuridad, Judith Jáuregui parece una mujer y una artista comprometida con ser extrovertida, esperanzada y optimista.

-No sé. Soy un amante de esa época del romanticismo y de las tormentas que generaban Schumman, Liszt o Chopin, en cuya música se reflejaban todos los rincones del alma, desde lo oscuro hasta lo más brillante. Para seguir adelante, necesito sentir esperanza y buscar la luz, a pesar de estar en la oscuridad. Soy una persona optimista que da gracias por la vida. La vida, el contacto con la naturaleza y con el ser humano es un regalo y ahora más que nunca los que podemos sentirnos privilegiados porque han visto nuestra vulnerabilidad muy, muy de cerca. Y creo que este camino, al menos para mí, es lo que me ayuda a seguir, a estudiar, a conectarme con la lucha y, sobre todo, con la fuerza mental que se necesita para seguir adelante. Estamos todos muy cansados, han pasado muchos meses y todavía no sabemos cuánto nos queda, y ese charco de fuerza mental se alimenta de esperanza.

¿Diría que esta fase lo ha cambiado de alguna manera, que cuando la terrible niebla de la pandemia se haya disipado, cambiaremos como sociedad, o deberíamos?

-Bueno, no lo sé. Creo que todos nos hemos hecho esta pregunta, especialmente al principio del encierro. No sé si todo esto nos va a cambiar, pero lo que creo es que puede habernos dado algo más de conciencia social, conciencia del otro, gratitud del día a día … En una sociedad que va tan rápido, en Lo que siempre pensamos sobre el futuro, de repente tuvimos que detenernos y obligarnos a vivir el hoy, el momento. Ojalá a través de esa conciencia del ahora encontremos un camino que nos haga más felices. Sería bueno detenerse y mirar adentro en lugar de salir corriendo todo el tiempo. Ese gesto puede crear un camino.

En estos días lo escucharemos en Baluarte con la Euskadiko Orkestra, grupo con el que has actuado en varias ocasiones, ¿hace surgir complicidad desde el primer segundo del concierto?

–Bueno, había pasado mucho tiempo desde la última vez que jugué con Euskadiko Orkestra y ha cambiado mucho en los últimos años. Guardo un precioso recuerdo de mis colaboraciones con ellos, y ahora estoy muy feliz de nuevo porque he encontrado una orquesta con muchas ganas de trabajar, llena de energía, con un director -Jaume Santonja- también con esa vitalidad que se requiere en Beethoven 1. Los ensayos fueron muy bien, fueron suaves y nos entendimos muy bien, así que realmente queremos traer esa luz y esa alegría mayor a este concierto. Un concierto que en realidad escribió como segundo, pero luego cambió de Opus y lo hizo primero porque quería que su número 1 fuera un gran trabajo.

Este es el inicio del concierto en el altísimo Baluarte, con un ambiente especial.

– Sí, está arriba y con alegría de vivir. Aunque el concierto comienza en el piano, con los movimientos pasamos por diferentes momentos y diferentes momentos de brillo. El primer movimiento está lleno de alegría y bondad; el segundo es más sereno, contemplativo y el tercero es una fiesta, un baile turco. Y sí, con este concierto estás invitado desde el principio a la alegría de compartir con el público, ya sea con este concierto o con el de Schumann, que interpretará la orquesta, encontrarás música y, por tanto, vida.

Sin duda, Schumann está intrínsecamente ligado a la carrera de Judith Jáuregui. A él le dedicó su primer disco y también el último, lanzado a mediados del año pasado.

«Es parte de mí, sí». Fue el primer compositor al que me acerqué cuando era niño. Uno de los primeros que descubrí, con su Álbum Juvenil, y sí, es un compositor con el que siento un vínculo muy fuerte. Lo fascinante es que pasa del tormento a la esperanza en un instante. Y es terriblemente humano por eso.

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