Inicio Actualidad Mitxel Unzueta, foralista confederal (1932-2021)

Mitxel Unzueta, foralista confederal (1932-2021)

Ya son muchos los amigos que por una razón u otra están desapareciendo de nosotros. La edad que llevamos no es la última. Siempre duele que le pase a gente que, como Mitxel Unzueta, ha sido ejemplo de una vida dura y ejemplar en todos los aspectos. Lo conocí en Bilbao en 1976 a través de un gran amigo en común, José Mª Luzárraga, que colaboraba en empresas de consultoría. Cuando José Mª murió en un espantoso accidente, acompañamos a su viuda Itziar y los niños, su madre y su hermano Jesús, unos amigos, entre los que estábamos. Todos seguimos recordando la gran humanidad del amigo que hemos perdido, que hemos mencionado en cada encuentro.

Mitxel fue un personalista comunitario y un jurista culto, pero, sobre todo, un humanista preocupado por las personas y un gran amante de su tierra y cultura vascas, un conocedor de la historia institucional de Vizcaya y un gran intelectual. Esto explica su compromiso con la Real Sociedad Vasca de Amigos del País, institución de illuminati fundada en 1764, cuyo origen se encuentra en los «señores» que se reunieron en el Palacio Intsausti de Azcoitia. Dentro de esta actividad se encuentra su publicación sobre «La Bascongada: vía del futuro» (1993).
Inmediatamente después de licenciarse en Derecho tras estudiar en Deusto (1951-1956), inició su práctica profesional como abogado, que llenó su vida. Al ser una persona agradable, veía el arbitraje como una forma extrajudicial de resolver conflictos de intereses intersubjetivos. No fue catedrático teórico de la Universidad de Deusto, fue presidente del Tribunal Arbitral Comercial de Bilbao. Creyó en la institución y se convirtió en apóstol publicando una obra en una revista internacional sobre su visión y misión (2005) y otra sobre los 125 años de la Cámara de Comercio, Industria y Navegación de Bilbao (2012).

Como buen humanista, nada humano le era ajeno. Se comprometió con el futuro de Euskal Heria en el momento decisivo que supuso el fin de la dictadura. Se abría un nuevo horizonte para todos y, para él, el momento de recuperar la formalidad perdida en un nuevo orden constitucional y democrático. Por eso aceptó la propuesta de su partido de pasar al Senado en la lista de Vizcaya. Fue diputado a la Cámara tras las elecciones de 1977 y 1979. Desde entonces ha trabajado activamente en la Asamblea Vasca de Parlamentarios para implementar el régimen preautonómico de 1978 y el Estatuto de Autonomía de 18 de diciembre de 1979.

Su papel en la asamblea de parlamentarios vascos y en la negociación constitucional ha proyectado la imagen de un foralista, capaz de negociar con convicción, sin dogmatismos estériles y con pragmatismo. Siempre fue consciente de que era hora de buscar un nuevo lugar para los derechos históricos vascos dentro del nuevo estado constitucional, como ninguna constitución liberal lo había hecho nunca. Así lo defendió dentro y fuera del partido, frente a quienes aspiraban a volver al Estatuto de 1936 desde el Compromiso Autonómico de 1977, hasta que Ajuriaguerra lo convirtió en la línea política y objetivo de la identidad nacional vasca. El camino fue difícil y tuvo que pelear con quienes por el gobierno de UCD los consideraban una reliquia medieval, apoyados en las autorizadas opiniones del constitucionalista García Pelayo y El País.

Tanto la disposición adicional primera de la Constitución, en reconocimiento de los derechos históricos de los territorios forales, como el Estatuto deben mucho a su conocimiento, actividad y dedicación. Fue un foralista que buscaba ser reconocido como un medio para superar la idea uniformista de «unidad nacional» del liberalismo, reemplazada por la tradicional diversidad histórica de «Las Españas». Trató de hacerlo partiendo de la idea de una soberanía originaria del pueblo vasco, titular de derechos históricos inalienables, que, en un pacto bilateral y libre con la Corona, se integró en una confederación de territorios históricos en una monarquía confederal. Idea que no se incorporó al texto final de la Constitución. Aun así, se ha logrado mucho, superando el autogobierno del Antiguo Régimen y las leyes de 1839, 1841 y 1976.

Unzueta fue uno de los pocos que vio en ese momento el horizonte de posibilidades que se abría, siempre y cuando hubiera madurez y acuerdo en su desarrollo, comportamientos que siempre fomentó ante cualquier radicalismo. Para su concepción, el reconocimiento y ejercicio de los derechos históricos debía entenderse no como una «descentralización administrativa» del Estado a las instituciones territoriales, sino como la personificación de una identidad política colectiva, de su derecho al autogobierno democrático. y «hechos diferenciales». «.

En todo momento apoyó el pacto, tanto hacia todo el estado, basado en la historia con la Corona, como internamente para lograr la estabilidad que hubiera permitido el desarrollo del autogobierno reconocido en el Estatuto. Lo hizo desde su idea de transversalidad y desde el método comunitario de objetivos concretos alcanzables, sin maximalismos imposibles, creadores de frustraciones colectivas. El convenio de investidura entre el PNV y el PSOE del 19 de enero de 1985 y todos los convenios, como el de Ajuria Enea, contó con su participación activa y su saber hacer.
Dejó testimonio de su paso por la política en varias obras, como «Estudio comparado de los Estatutos de 1936 y 1979: la génesis del Estatuto de 1979» (1988), «La transición a Euskadi» (1998), «Acercándonos al País Vasco algunos reflexiones necesarias «(2002). Las «Memorias de la transición» (2003) son un testimonio vivo de su intensa participación en el proceso constitucional. Estudió los derechos históricos como medio para buscar un tratamiento adecuado de la identidad vasca dentro del Estado, abandonando la visión de su presente y futuro (2009).

Mitxel, la memoria humana es frágil. El colectivo también. Pero al menos tiene que quedar constancia de lo que ha sido usted como jurista y político profesional, y cuánto ha contribuido al avance institucional de su pueblo. Ahora mismo, tus amigos te agradecen por tener la suerte de serlo. Nadie puede culparte por no aplicar bien tus muchos talentos y cualidades. A tu esposa Cecilia, a tus hijos María, Mikel y Elena, por brindarte cariño y apoyo en tiempos difíciles, todos con una generosa dedicación al servicio de los demás. Bego goian. Agur jauna.

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