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Pirineki : la leche de toda la vida


Nace Pirineki, un negocio familiar en Aurizberri/Espinal que transforma la leche de sus 60 vacas en leche pasteurizada, queso fresco y yogur natural casero Venden en el Pirineo, Esteribar y Villava

AURIZBERRI/ESPINAL – Desde bien pequeño, Aitor Zazpe tenía claro que quería vivir en Aurizberri-Espinal. Este joven de 31 años siempre ha mamado el oficio de la ganadería y, cuando ha podido, ha echado una mano con las vacas en su casa Buruzena, pero las circunstancias le fueron llevando por otros caminos. «El aita siempre me animaba, me decía que si en Baztan se hacía, aquí tenía que salir, pero éramos jóvenes y no nos queríamos atar mucho», dice entre risas. Sin embargo, hace unos años comenzaron a plantearse en serio la idea de montar un negocio en familia para poder tratar y vender la leche de sus vacas. En el proceso, fueron topándose con el asesoramiento de INTIA, con ayudas del Departamento de Agricultura y, sobre todo, con el gran apoyo de otros compañeros como Jauregia de Aniz, la quesería Lizun de Sunbilla o lácteos Balerdi de Azkárate.

De ahí surgió lo que hoy es Pirineki, una empresa familiar que transforma de manera ecológica la leche de las vacas en leche pasteurizada, queso fresco y yogur natural casero. Y pronto se añadirá a la lista el queso tierno de vaca. «Es muy bonito empezar el proceso desde que la vaca agacha el morro para comer hasta terminarlo en una tienda donde compra el consumidor. Y más poder hacerlo todo desde el mismo pueblo, con estos paisajes y ofreciendo buena calidad», confiesa orgulloso.

LECHE DE VERDAD Lo que en su día fue un almacén de patatas y posteriormente la nave donde guardaban las vacas, hoy se ha convertido en una lechería de unos 140 metros cuadrados, que incluye un punto de venta, un almacén, una sala de elaboración y una sala de envasado y etiquetado. Sus 60 vacas de leche pastan al aire libre en los campos de Aurizberri-Espinal la mayoría del año, desde abril hasta que llega la nieve, y en invierno las guardan en una nave a apenas un kilómetro de distancia. Pocos productores de leche en Navarra pueden presumir de que sus vacas pasten tanto tiempo fuera y «vean la luz del sol».

Por tanto, de algo tan puro ligado a la tierra, no puede salir sino un producto ecológico y de calidad. «Vendemos la leche que había antes en todas las casas, la leche de verdad. Lo único que hacemos es pasarla por un tratamiento térmico, pero ni añadimos ni quitamos nada. Más natural que eso no hay nada», expresa.

De momento, se pueden adquirir sus productos lácteos directamente en Aurizberri/Espinal, en Dendaberri de Auritz-Burguete, en la carnicería Xankoi de Garralda o llamando al teléfono 621 24 39 72, pero también los jueves y viernes hacen reparto en furgoneta por algunos comercios de los valles de Salazar, Roncal y Esteribar. Incluso ha llegado a la Comarca de Pamplona y su género ya está en las estanterías de la carnicería Oloriz, la carnicería Marber o la Herboristería Ana, de Atarrabia/Villava. Los precios oscilan entre 1,20 € y 3 €. «De momento, la respuesta es satisfactoria. Muchos consumidores valoran el kilómetro cero y lo local y vemos que la gente repite», dice.

Además de que sus productos no llevan aditivos, también se preocupan por respetar el medioambiente y trabajar de manera sostenible. Por ejemplo, para calentar la leche usan una caldera de gasificación y también comercializan los productos en envases de cristal con la idea de que sean reutilizables y generar así una menor cantidad de residuos.

Al ser un proyecto local y familiar, le han dado mucha importancia a que su clientela sea el Pirineo Navarro, aunque de momento, tengan que abrir frontera geográfica. De ahí el nombre de Pirineki, que contiene Pirineo, esneki (lácteo) y ekialde (el este). Asimismo, en el logo creado por una vecina del pueblo no han dejado de resaltar la tierra, los campos, las vacas y, especialmente, a su abuela Palmira. «Es un guiño a la amitxi. Siempre dice que ésta es la leche de verdad. Por eso, la pusimos en la etiqueta y su lema también», dice Aitor.

LOCURA Como todo comienzo y más en plena pandemia, ha tenido sus dificultades. Aunque motivación no le falta, sí que confiesa que hay muchas exigencias y trámites burocráticos que obstaculizan el camino. Si a eso le añadimos su reciente paternidad – su txiki Haize nació el 29 de septiembre, fecha crucial para los pastores–, las trabas se multiplican. «Fue una locura. Primero el coronavirus nos retrasó las obras de febrero a junio y luego Haize se adelantó un mes. El jueves del hospital estaba yo repartiendo leche en las tiendas de Atarrabia», recuerda. Sin embargo, su ilusión por esta nueva y agitada etapa de la vida por partida doble, hace que merezca la pena. «Aunque sea un trabajo sacrificado, cuando tengo en brazos a Haize, todo se olvida y hace que valga la pena. Al final, hemos conseguido el sueño del aita y estoy muy contento. Después de trabajar toda su vida, es un orgullo que sus hijos sigamos con las vacas», concluye.

«Vendemos la leche que había antes en todas las casas, la leche de verdad, sin añadir ni quitar nada»

AITOR ZAZPE URMENETA

Impulsor de la empresa Pirineki, en Aurizberri-Espinal

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